Frases

“No se cambian las cosas combatiendo la realidad actual. Para cambiar algo, es necesario crear un nuevo modelo, uno distinto que haga que el actual modelo quede obsoleto".

Richard Buckminster Fuller

lunes, 30 de julio de 2012

La Fortuna del Juego: El beneficio de desafiar paradigmas y creencias arraigadas

Como saben, este blog tiene su base en el desafío de Paradigmas, supuestos y creencias arraigados en las sociedades, organizaciones y personas, que limitan los cambios, la innovación, y la creación de nuevas realidades.

Este verano 2012, me encontré con una gran y gratísima sorpresa al ver la película "La Fortuna del Juego" ("Moneyball" en inglés) con Brad Pitt, basada en un hecho real, y donde Pitt  representa a Billy Bean, ex beisbolista y actual Gerente General del equipo de Baseball Oakland Althetics, equipo de las grandes ligas de EEUU, pero de presupuesto y recursos escasos comparados con equipos grandes como los New York Yankees.

Me fascinó la película, pues es un caso real de lo que implica ejercer liderazgo: movilizar a las personas en la incertidumbre, para que enfrenten problemas difíciles y donde no existen soluciones conocidas, y quienes son parte del problema, también son responsables de la solución. Es difícil, porque implica sacar a las personas de su zona de confort, hacerlos desafiar sus creencias y paradigmas.

Billy Bean, tenía en fuerte propósito de ser campeón con los Athetics, y tenía claro que usando los antiguos, normales, y establecidos métodos de contratación de jugadores, jamás lograría ser campeón, dado que no tenían los recursos para contratar a "los mejores" (lo pongo entre comillas, pues justamente la película desafío el juicio de qué es un buen o mal jugador), y como dice Einstein, "si se quiere lograr resultados distintos, no se puede conseguirlos haciendo lo mismo.

En esa búsqueda, cuando se topa con un joven economista, Peter Brand (interpretado por Jonah Hill), experto en estadística, quien tenía todo un estilo propio y fuera de lo normal para valorar jugadores. Su método estadístico indicaba que jugadores poco valorados por los clubes, podían ser mucho más eficientes en la cancha que los muy valorados.

Juntos, deciden poner en práctica el método de Brand, ante lo cual, Bean se encuentra con la enorme resistencia al cambio, primero, de los antiguos asesores de busca talentos del club, quienes le gritan en la cara que lo que está haciendo es descabellado, que eso es no sabes nada de baseball, y que solo conseguirá hundir al club. Luego, se encuentra con la figura del Coach (en entrenador del equipo), interpretado por el gran Art Howe, quien no quiere seguir las indicaciones del gerente y se escuda en indicar que es él quien arma el equipo en la cancha. Posteriormente, al no ir consiguiéndose los resultados, los aficionados y los medios se van en contra de Bean y no entienden el porque de su forma de armar al equipo.

Sin embargo, Bean y Brand persisten en su propósito, y Bean, como manda más ocupará toda su autoridad formal para implementar los cambios, así, llegar a despedir a ciertos jugadores, de modo que al coach no le quede otra que armar el equipo con los jugadores que le quedan, y que son los que Bean y Brand necesitan para que las estadísticas funcionen.

Sin querer dar más detalles de la película, pues recomiendo absolutamente que la vean, lo que más me fascinó, fue el que alguien se atreviese a desafiar las creencias y paradigmas establecidos, en ser capaz de escuchar la Voz Propia y su GPS Interior, abrirse a escuchar nuevas posibilidades, a usar su propia historia de fracaso pasada para encontrar nuevas vías de acción, y de perseverar y a pesar de ir contra la corriente.

jueves, 12 de julio de 2012

Me perdiste cuando me encontré

Hace una semanas, me invitaron a participar en un "juego" donde nos invitaban a conversar a partir de el contenido que tiene unos sets de cartas, llamados "Cartas Encuentro", creadas por Marty Brito, y el juego fue dirigido por la misma Marty.
Ella tiene dos Sets de Cartas: Las Encuentro; Las Encuentro con Neruda; y Las Azules. La gracia es que cada carta tiene un contenido del cual se arma una conversación.

Cuando jugamos con las "Encuentro con Neruda", que obviamente contienen frases de los poemas del Premio Nobel, me tocó sacar una que me llegó profundamente; la frase decía algo así: "Me perdiste cuando y donde me encontré".
Obviamente, cada uno puede darle la interpretación que quiera a la frase, y a mí, me llevó a reflexionar en cuán perdido he andado por la vida, siendo lo que otros quieren que yo sea, por lo que al final, nunca soy YO, siempre soy el esperado y el que debe cumplir la expectativa de los otros.
Para mí, es muy potente esta frase, pues encontrarSE implica dejar de Ser los otros quieren que Sea.

Cuando se entabló la conversación dentro del grupo que estaba "jugando", alguien preguntó, "y, ¿no será un poco egoísta eso de hacer que el otro te pierda?", ante lo cual respondí con otra pregunta, "y, ¿no es más egoísta aun, que no puedas ser TÚ, sino que un personaje que el otro quiere?".

Algunos se quedaron con la idea del egoísmo; yo por mi parte, lo vi como un inmenso regalo, no solo para quien se encuentra a sí mismo, sino para quien "pierde", pues en definitiva no pierde, sino que gana. Gana a un ser auténtico como amigo, pareja, familiar, etc,  y se desprende de un ser falso y cansado. Además, recibe la invitación a también encontrarse consigo mismo y regalarle a otros, otro Ser Auténtico, dejando atrás a otro falso. También aparece el regalo de soltar el Control, el control de tener que aparentar, fingir, ocultar emociones, y con ello dejamos la gravedad, sacándonos un enorme peso de encima, para con eso, ir dejando el Miedo, sobretodo, el Miedo a no ser querido.

Entonces, aparece el regalo de la Aceptación, de la Diversidad, la Empatía, la Liviandad y con ello, la Gratitud, la cual lleva a la Confianza.
¡Qué maravilla sería vivir desde la Gratitud y la Confianza, en vez del Miedo y el Control!

Los invito a que se pierdan; ¡Pierdanse para que se Encuentren y así, le den un gran regalo al mundo!

jueves, 10 de mayo de 2012

Algo sobre la Exigencia

Vivimos en un mundo donde tanto la Exigencia como la Competencia se han apoderado, no solo del mercado y el mundo empresarial y organizacional, sino que con ellas, se han arrastrado de forma lamentable a la educación, a las relaciones, sobretodo las de pareja, y  a la relación con sí mismo.
Preguntar qué es primero si la Exigencia o la Competencia, la verdad no tiene mayor importancia, más bien el foco en cómo ambas están construyendo un mundo en cual la mayoría de la gente no quiere vivir, y sin embargo ese deseo no basta para hacer un cambio.
La Exigencia a priori, no es ni buena ni mala, sino como todo, tiene su lado de luz y de sombra. En su luz, conduce a la Excelencia, cuando se tiene plena conciencia, tanto de las fortalezas, talentos y recursos personales, como los de con quienes compartimos a diario. Y en su sombra, conduce a la Tortura, al exigirse o exigir a otros más allá de sus verdaderas fortalezas, talentos y capacidades.
Así, por ejemplo, un padre puede querer que su hijo sea un gran pianista, entonces desde niño lo pone en clases de piano, y tal vez punta de esfuerzo, estudio, disciplina, el niño a cabo de 20 años, llegue a ser un gran pianista. La pregunta que cabe aquí, ¿ese niño quería ser pianista? De no haber querido, ¿habrá disfrutado del proceso?, y ahora de adulto, ¿disfrutará de tocar el piano, o ya no querrá saber nada más de él?
Alguien podría decir al ver tocar al niño, “se nota que este niño tiene fortalezas y talento para tocar el piano”. Sería una fortaleza si ese niño gozara de tocar el piano, y por lo tanto hacerlo, sería un agrado para él. En cambio, si no le gustara, por más bien que lo haga, para él tocar el piano no sería una fortaleza, pues al hacerlo sentirá un sensación de tortura emocional.
Y por fortalezas, se entiende toda actividad que al desempeñarlas nos brindan esa sensación de perdernos en el tiempo y el espacio debido al disfrute que nos generan.
Luego, quienes dirigen organizaciones, si quieren llegar a la Excelencia, deber exigir a sus miembros a que desarrollen y desempeñen sus verdaderas fortalezas y talentos, no las que se les impone y/o espera. Cuando alguien opera aplicando sus verdaderas fortalezas, su desempeño es del más alto nivel, y por ende su productividad alta.
¿Qué tiene que ver esto con las relaciones y la educación? Bueno, la Exigencia está tan enraizada en la sociedad, que no es transparente y caemos automáticamente en el juicio que la “vida es así”. Entonces, sin darnos cuentas, comenzamos a exigirle a la pareja, a los amigos, a los hijos, a los padres, etc, que hagan algo para lo cual ellos no tengan, ni las fortalezas ni los recursos internos para lograrlo.
Un caso sencillo para ejemplificar esto: la polola que le exige al pololo “tronco” a bailar salsa, no siendo consciente que lo más probable para él, es que bailar sea una tortura.  Puede ser que el tipo alga el esfuerzo “por amor”, pero a la larga, todo aquello que implica un esfuerzo tortuoso, genera resentimiento, y probablemente, finalice con el quiebre de la relación.
En educación, lo mismo. En la sociedad está tan metido el juicio que  para ser “exitoso” y “alguien en la vida”, como mínimo hay que Universitario, que no solo los colegios se han vuelto más exigentes (producto de la competencia), sino que los mismos padres, con la mejor de sus intenciones, transmiten esa exigencia a sus hijos, y hoy, vemos niños que ya ni siquiera tienen los fines de semana para jugar, pues los tiene encerrados “estudiando”.
¿Qué pasa si una niña tiene talentos y por ende fortalezas para la danza u otra disciplina artística, como ésta no estas no son carreras “políticamente tradicionales y correctas”, vamos a someter a esa niña a la tortura de querer aprender sobre química o matemáticas, para que con los años genere un resentimiento con sus padres?
La Exigencia es tan “maldita”, que al igual que VIH que muta para poder intervenir, ésta se camufla de “buena” para operar.  
Para ilustrar esto último, me voy a exponer Yo mismo, que me las doy de poco exigente y que ando hablando de soltar los “Debes, Deberías, Tienes qué” para tan solo Ser, o del desapego emocional, o de aprender a vivir en Confianza, muchas veces  me pillo exigiendo a los demás en ciertas situaciones.  Por ejemplo, tuve una relación amorosa con una niña que vivía mucho desde la desconfianza y que andaba en búsqueda de aprender a no ser emocionalmente dependiente de sus parejas, producto de sus otras relaciones. Entonces, yo con la mejor intención de querer “ayudarla” a en ese camino, no le decía que la echaba de menos, la llamaba poco por teléfono, o no demostraba mucho cariño, lo que llevó a que ella comenzara a desconfiar, lo que produjo una discusión entre los dos, y ahí, mi exigencia camuflada de “buena”, me llevó a decirle que su desconfianza no era problema mío, sino algo que ella debía trabajar: eso, es Exigencia Tortuosa, cuando en realidad pude preguntarle directamente qué necesitaba ella para poder construir confianza entre nosotros, y desde ahí, entender sus competencias y cualidades para aprender a vivir desde la confianza. Y por el contrario, yo mismo generé un espacio de mayor incertidumbre, que para alguien que vive desde la desconfianza, pasa a ser una gran tortura.
Es tanto lo que se aprende al relacionarnos con otros; me refiero a tanto se aprende de uno mismo, y cada día me doy más cuenta que todo lo que pasa a mi alrededor es porque yo mismo lo he provocado, para bien o para mal, y que por lo tanto, soy yo el responsable de mantener lo bueno, cambiar lo malo, pero entendiendo que yo mismo tengo fortalezas y talentos para actuar de cierta forma, y que tampoco debo torturarme exigiendo más allá de los recursos internos con los que hoy cuento.