Frases

“Se supone que la distancia más corta entre dos puntos, es
una línea recta y, ¿qué pasa cuando aparecen obstáculos entre ellos.
Si dos puntos están destinados a conectarse, el universo
siempre encontrará la manera de hacer la conexión, aun cuando toda esperanza parece perdida, pues algunos vínculos no pueden romperse, y ellos definen quienes somos y quienes nos convertiremos.

A través del tiempo y del espacio, a través de senderos
impredecibles, la naturaleza siempre encuentra un camino”

Jake Bhomm (el niño autista de la serie Touch)

domingo, 23 de marzo de 2014

La Creencias que Esclavizan



Desde que me formé como Coach hace ya 5 años, uno de los temas que más he venido desarrollando, es el de las creencias, pues éstas, son el filtro con el que vemos la realidad, y por lo tanto, nos llevan a abrir o cerrar posibilidades. Y en esta oportunidad, quiero poner todo el foco en aquellas que cierran posibilidades, y peor aun, que esclavizan a la gente y viven bajo su poder y autoridad.

Comenzaré ilustrando a qué me refiero con Creencias Esclavizantes con el siguiente relato que me contó una vez un psiquiatra, cuando conversábamos sobre las creencias:

Un hombre, absolutamente seguro de creer ser un cadáver, no comía, no iba a trabajar, y lo único que hacía, era repetir constantemente que él era un cadáver. Un psiquiatra, gracias a los familiares de este hombre, un día lo visita y luego de varios minutos de tratarlo de convencer qué no era un cadáver, finalmente le pregunta: “¿Un cadáver puede sangrar?”, No, le respondió el hombre, y agrega, “en un cadáver todos sistemas se han detenido, por lo que no puede correr sangre tampoco”. Ante esto, el psiquiatra le propone el siguiente experimento: “Voy a pincharte un dedo, y si sangra, querrá decir que no eres un cadáver”. El medico lo pincha con una aguja, y un fluido de sangre brota al instante. El hombre sorprendido por tal “milagro” señala, “¡vaya, resulta que los cadáveres si sangran ahora!”

Este caso me permite indicar que a pesar de las evidencias ambientales o conductuales, muchas veces la personas se aferran a su creencia, pasando a ser esclavas de ellas, y por lo tanto, cerrándose a cualquier tipo de nuevas posibilidades, pues la creencias, y especialmente las esclavizantes, es como si las creencias tuviera a la persona, pues ésta, no están basadas en un conocimiento profundo de la realidad. 

Como señala Robert Dilts, uno de mis autores preferidos, las creencias tratan de cosas que nadie puede saber realmente. 

Si bien el caso anterior es más bien humorístico, ¿cuántas personas se aferran con fuerza a su creencia esclavisante, y por lo tanto su futuro, lo ven sin posibilidades para ellos?

Tuve el caso de una coachee, que tenía la creencia esclavizante de “no mereces cosas buenas”, así, tal cua,l me dijo la primera vez que nos juntamos. Y, por más evidencia que ella misma veía como algo bueno, para todo tenía una explicación o excusa. Por ejemplo, cuando le pregunte si tener la sesión de coaching no era a caso algo bueno, entonces me respondió, “sí, pero no lo merezco”. Entonces, “¿qué haces aquí conmigo?”, le pregunté; “es que no es que yo lo merezca, sino que tú eres una persona generosa capaz de recibirme”. 

Como verán, cuando algo es “bueno”, no es por ella o para ella, sino que es algo externo, y si es algo malo, entonces ahí si tiene que ver con ella, porque se lo merece. 

Una vez, ella conoció a un tipo que daba todo por ella, la mimaba, la consentía, se preocupaba por sus cosas, y la ayudaba a resolver todo tipo de problemas, sin embargo, al poco tiempo, su tirana creencia la llevó a sospechar de él, llegando incluso a hacerle creer que el tipo tenía una obsesión por ella y que por eso tanta atención; claro, ¡solo un loco podría interesarse en ella! Llego a contarme que una vez este hombre, fue a espiarla a su trabajo. “¿Lo encaraste, le preguntaste qué estaba haciendo ahí?”, le pregunté. “No, si yo lo vi por fuera, yo creo que él no se dio cuenta que yo lo había visto”, me respondió. “Entonces, ¿solo crees a verlo visto a él?”, le pregunté a continuación. “O sea, sí, pero estoy segura que fue él, sino quien más?”, me respondió ella reforzando su creencia.

La tirana creencia de “no merecer”, es tan dañina que lleva a que la persona encuentre sospechoso que alguien la pueda querer, y cuando aparece un ser cariñoso, amoroso, capaz de amarla en su vida, lo encuentra sospecho, pues a su juicio, no merece ser querida, y se cierra a toda posibilidad de experimentar la grandeza de estar con alguien que le ame.

Por lo general, este tipo de creencia se generan en la infancia, cuando producto de una mala paternidad y/o maternidad, el niño(a) se echa la culpa de que sus padres sean así con el(ella), comenzando a generar creencias tales como:


  • No merecer, no le permite darse el permiso de sentir y vivir cosas buenas, y en cuanto a logros, no se esfuerza, pues no cree merecer alcanzar el éxito. 
  •  No ser lo suficientemente bueno, por lo tanto se conforma con cualquier cosa. 
  •  Desesperanza, que impide que la persona vea solución alguna. 
  •   Impotencia, que hace que la persona sienta que algo es posible, pero que no es capaz de lograrlo.

Más que hacer cambiar una creencia a alguien, el desafío es poder guiar a esa persona para que ella misma encuentre el camino para generar dicho cambio, de lo contrario, nos veremos en una situación similar a la que se enfrente el psiquiatra con el hombre “cadáver”.
Si piensas que podría estar teniendo alguna creencia esclavizante, como no merecer, te invito a hacerte las siguientes preguntas:

·         ¿Qué tendría que pasar para que te merecieras eso?
·         ¿Bajo qué circunstancias te lo merecerías?
·         ¿Conoces a alguien que lo merezca?
·         ¿Qué te gustaría creer, en lugar de creer que no mereces?

jueves, 12 de septiembre de 2013

El Perdón: Un camino de dos vías




Dado el actual escenario político en el país (Chile), en el último tiempo se ha hablado mucho sobre el perdón, ya sea para exigirlo, para pedirlo, para tan solo darlo, o incluso para negarlo.
La verdad, que mi intención no es entrar en eso, más bien mostrar mi visión de qué es el Perdón.
Para mí, el Perdón, es un camino de dos vías: uno llamado "Pedirlo", y el otro llamado "Darlo".

Sea como sea, ambos caminos son sanadores y la persona más beneficiada, es quien toma uno de ellos.
Sin embargo, ambos son distintos y tiene tiempos diferente, y ambos a su vez, tienen 3 niveles, distintas emocionalidades y distintos poderes. Entonces, veamos a cada uno de forma particular.
Niveles del Pedir Perdón
1.      Lo siento; Te pido disculpas; perdóname.
Este es el nivel básico y no por eso poco importante. Es el punto de partida para algo más profundo.
2.      Fue mi culpa; fue mi error; yo me equivoqué.
En este, la persona no solo pide perdón o disculpas, sino que también se hace responsable del error ocurrido.
3.      ¿Qué puedo hacer para remediarlo? ¿Cómo puedo enmendar mi error?
Finalmente, este tercer nivel, integra los otros dos, y además, agrega el hacerse cargo de la responsabilidad que le compete, y es capaz de pedir alternativas para poder reparar el problema. En este nivel, la Sinceridad se hace plenamente presente.
La emocionalidad de este camino predispone al querer reparar lo acontecido, por lo que suele ser una mezcla(en sus luces) entre aceptación, vergüenza, culpa, ganas y entusiasmo por reparar, y alegría por un futuro mejor.
El Poder de este camino, junto con la posibilidad de ver nuevas posibilidades, es que la persona que Pide Perdón, independiente que él/la o los afectados la acepten o no, se libera de una carga y culpa, generando un gran alivio, y en caso que de no ser aceptado, “traspasándole” sin intención,  la responsabilidad de seguir cargando con aquello al otro.
 
Niveles del Perdonar 
1.      OK; Te Disculpo; Te Perdono.
Al igual que el camino anterior, este es el nivel básico, que abre nuevas posibilidades y oportunidades.
 
2.      No te preocupes, buscaremos una salida.
Este nivel profundiza en la exploración de alternativas, tomando libremente responsabilidad en aquello.
 
3.      Lo olvido, y vuelvo a confiar en ti.
Aquí se integran los otros dos niveles, y se da el salto mayor a lo que yo llamo,  la grandeza humana. Aparece nuevamente el juicio de Confianza a juzgar a su vez que el otro es sincero, que tiene la capacidad de reparar el daño, y que juzga que será capaz de cumplir el compromiso o promesa de reparo.
 
La emocionalidad de este camino predispone al querer ser parte de la solución y no una traba. Es una emocionalidad basada en la aceptación, ganas y entusiasmo por un futuro mejor, y a mi juicio, principalmente por la compasión.
 
El Poder de este camino, junto con, no solo expandir nuevas posibilidades, crea una nueva realidad totalmente distinta a la anterior.
La persona que Perdona se vuelve poderosa, digna de admiración, y en sí misma, expande su grandeza como ser humano, deja de darle autoridad al otro para que le “eche a perder el día”, y se libera de una carga emocional negativa basada básicamente en el rencor, el odio, y la rabia.
 
Si esto es fácil, difícil, utópico, posible o imposible, bueno, esa es otra conversación, y como señalo al inicio, es tan solo mi mirada respecto del poder que tiene el Perdón en sus dos caminos. Y más bien me gustaría invitar a preguntarte a quién te gustaría pedirle perdón, y/o a quién te gustaría perdonar.
¿Cuánta autoridad le seguirás dando a esa persona o situación para que te siga echando a perder el día y no permita expandir la grandeza en ti?


viernes, 30 de agosto de 2013

La Tristeza, una linda mensajera


Hoy viernes 30 de agosto, cuando fui a hacer clases de Innovación a la Universidad, la Directora de Carrera me estaba esperando para contarme que a la alumna "tanto", se le había muerto el papá el día lunes.

Luego, al entrar a la sala de clases, sus compañeros me pidieron, que dado que ella (la alumna en cuestión) había venido hoy a hablar con la Directora de Carrera, si era posible entregarle un regalo de ánimo que le habían preparado, ante lo cual obviamente les dije que sí. Luego, el momento de la entrega, fue bien emotivo realmente.

Una vez que la chica se fue a descansar a su casa, a los alumnos les pregunté: 
"¿Qué nos pasa con la tristeza, tanto la nuestra como la de otros?"…   …y el resto de la clase conversamos sobre aquello. Al final uno de los chicos me dijo, "profe, esta ha sido la mejor clase de innovación que he tenido".

Pareciera ser que la Tristeza tuviese "mala fama" y por lo tanto, tratamos de evitarla, evadirla, y "anestesiarla"... ...el tema es que cuando la "anestesiamos", efectivamente dejamos de sentirla, pero al mismo tiempo también dejamos de sentir cariño o alegría, pues así como cuando nos ponen anestesia para no sentir dolor cuando nos operan, tampoco sentimos una caricia o un beso, perdiendo así, la oportunidad de recibir cariño, apoyo, o que florezca la belleza del ser humano ante una espacio de tristeza.

Como emoción, la Tristeza surge cuando se pierde algo que VALORO. Es una mensajera que me recuerda cuánto valoramos a alguien o algo, y que me recuerda a alguien o algo que he perdido, y mucha veces al querer evitarla, pierdo la oportunidad de entrar en un bonito espacio de reflexión y agradecimiento; no del agradecimiento ante lo perdido, sino ante las experiencias vividas con ese alguien o algo perdido, y el agradecimiento de aquellos que quieren estar conmigo.

Entonces, cuando para mí hay algo que tiene valor, y lo pierdo, entonces surge la tristeza como emoción. No importa el tipo de situación o circunstancias. Desde perder a alguien querido que fallece, o terminar una relación, o hasta perder un proyecto, o algo que deseaba mucho y no conseguí. El factor común aquí, es que hay algo que perdimos, y a lo cual valorábamos mucho.

Decía que pareciera ser que la Tristeza tiene mala fama, por lo que solemos ponerle la etiqueta o juicio de emoción negativa, lo que implica entonces no estar dispuestos a entrar en ella, puesto que parece que aprendimos que no es bueno estar ahí.

Dado lo anterior, me surge la siguiente pregunta: ¿cuál será entonces la mejor estrategia para evitar la tristeza?

Si decimos que la tristeza surge cuando perdemos algo que valoramos, pareciera ser que una gran estrategia sería entonces, quitarle VALOR a las relaciones, a las situaciones, a las personas, o a las cosas…   …en definitiva a todo aquello que apreciamos, pues desde el momento que ya no valoro, ya no dejo espacio para que aparezca la tristeza.

Así, ante el miedo de entrar en ella, aparecen frases tales como, “vamos que todo pasa por algo”, “vamos que tienes que ser fuerte, ánimo”, “vamos a buscar algo de entretención y pasarlo bien”, “no llores, que llorando no se saca nada”, “vamos que la vida continua”, “no te preocupes, ya vendrán tiempos mejores o habrá otras oportunidades”, “esto lo vas a superar”, etc., queriendo generar de esto modo, una especie de falsa motivación que nos permita “saltar” de ese espacio emocional que no deseamos habitar, quitándole valor a eso que perdimos.

Me parece que esto nos ha llevado a dejar de escucharla, de poner atención a sus mensajes, de permitirle que haga su misión para con nosotros.

¿Esto quiere decir que tenemos que quedarnos permanentemente en ese estado?

¡Absolutamente NOOO! Por supuesto que no.  Quedarse en la tristeza, ya sería una estado emocional o de ánimo de Melancolía, y no estoy hablando de eso, sino que hablo de aprender a transitar el dolor que nos genera la tristeza, para poder reinterpretar lo acontecido y reconstituir el espacio de bienestar, para reflexionar sobre aquello que podemos hacer diferente o nuevo, por ejemplo ante el fallecimiento de un ser querido, innovar en la forma de relacionarme con ese ser, o para aprender a no tenerle miedo a eso, pues tenerle miedo al dolor, a la tristeza, implica la aparición y generación de un gran enemigo, como es el camuflar dicho dolor y sufrimiento, quitándole el valor.

Y para explicar a este “enemigo” de la tristeza, o esto del camuflaje, tomo el comentario que me hizo una chica colombiana que conocí en Lima en Julio pasado, ella me dijo:

-          Ustedes los chilenos parecen personas tristes, pero son más sinceras.

-          ¿Cómo así?,  le pregunté

-          Pues nosotros ahogamos nuestras tristezas y dolores con alcohol y rumba, bajo una falsa máscara de felicidad y alegría, y cuando llegamos a nuestros hogares y nos encontramos solos frente al espejo, nos volvemos a encontrar con todo aquello que queremos esconder, pues tenemos terror a que nos vean tristes…