Frases

“Se supone que la distancia más corta entre dos puntos, es
una línea recta y, ¿qué pasa cuando aparecen obstáculos entre ellos.
Si dos puntos están destinados a conectarse, el universo
siempre encontrará la manera de hacer la conexión, aun cuando toda esperanza parece perdida, pues algunos vínculos no pueden romperse, y ellos definen quienes somos y quienes nos convertiremos.

A través del tiempo y del espacio, a través de senderos
impredecibles, la naturaleza siempre encuentra un camino”

Jake Bhomm (el niño autista de la serie Touch)

martes, 24 de junio de 2014

El Fútbol, la Selección, y Yo

Creo que es primera vez que escribo algo tan "mío" como mi relación con el Fútbol y especialmente, con la Selección.

Nunca he entendido de dónde salí tan "juguito de pelota", si a mi viejo ni a mis tíos les gusta el fútbol, y ni siquiera tenía primos o hermanos mayores de los cuales aprender, sin embargo, tengo conciencia que desde el mundial en Argentina '78, a mis 3 años, yo andaba con una pelota de trapo jugando dentro de la casa, viendo los partidos en el televisor IRT blanco y negro que nos acompañó por muchos años.

Posteriormente, cuando nace mi hermano, dos años menor que yo, encontré un compañero con el cual jugar, y no paramos hasta ya "grandes" (lo pongo entre comillas, porque ambos somos bajos, jejeje). Jugábamos todo el año, pues tuvimos la suerte de tener una casa con un patio amplio, con arcos de fútbol, y muchos cachureos con los cuales armábamos barreras y practicábamos tiro al arco. Organizamos campeonatos, y cuando no podíamos jugar en el patio, jugábamos en la terraza, para la cual construimos unos arcos pequeños, donde cabía una pelota de tenis, y en invierno, mientras nuestros viejos no estaban, hacíamos pelotas de trapo, corríamos todos los muebles del comedor y del living, siendo los arcos, la puerta de la cocina, por una parte, y la puerta hacia los dormitorios por otra. ¡Qué manera de pasarlo bien!

Creo que no tengo un momento infeliz jugando a la pelota en la casa con mi hermano, o con los amigos, y en el colegio, donde por ser buen alumno, los profesores me daban permiso para salir 3 minutos antes de cada recreo para ir a reservar una multicancha, donde poder jugar con los compañeros.
Estuve en todas las selecciones del colegio, desde la categoría Mini, hasta la Superior, teniendo una experiencia internacional cuando estudie como alumno de intercambio en EEUU, siendo la estrella del High School, y logrando que por primera vez, el colegio llegara a las finales estatales...   ....qué bella experiencia.

Tan fanático era, que en la época universitaria, iba a jugar con los compañeros a las canchas de San Carlos de Apoquindo, y me iba en bicicleta desde mi casa en La Reina, y luego de jugar la hora reservada con mis amigos, me quedaba ahí, viendo si otros necesitaban un "galleta"...  ...así, pasé varias tardes jugando en San Carlos, jejeje.

Cuando niño soñaba con ser futbolista, y cuando la gente me preguntaba qué quería ser cuando grande y yo respondía, "futbolista", me miraban y me volvían a preguntar, "no, en serio, ¿qué quieres ser?", y yo volvía a responder, futbolista...    

Mi abuela me decía, "no hay nada más ordinario que ganar plata con los pies", y mis viejos que eso era una carrera muy corta, que a los 30 años ya no tendría en qué trabajar, y que lo mejor era ser universitario como todos, si quería ser alguien en la vida...  ...bueno, esa es otra historia...

Para el mundial de España '82, ya tenía 7 años, y recuerdo latente el partido de Chile con Austria, donde Cazelli se pierde el penal; yo estaba en 2do básico, vimos el partido en la sala de clases,  y me acuerdo latente que la Miss dijo, "debería haber pateado el Pato Yañez". Luego, aun tengo el recuerdo de Sergio Silva vociferando 4 veces, "Alemania, Alemania", cuando el país teutónico nos ganó 4 x 1, y veía al "Gato" Osben no atajar ni una. Del partido con Argelia, no tengo recuerdo.

Y, sin embargo, cuando más realmente empecé a sufrir con la Selección, fue para las eliminatorias (sí, en ese tiempo se les decía eliminatorias) para México '86. Fue la primera vez que fui a ver a la Selección al Estadio. Mi viejo nos llevó a mi hermano y a mí al Nacional, a ver Chile - Uruguay; Chile 2 - Uruguay 0, con goles de Rubio y el golazo de tiro libre del "Mortero" Aravena, el famoso gol imposible. Que sensación fue estar ahí, el ambiente, los hinchas (en esa época no había barradas bravas, y la gente iba en familia al estadio). Yo ya tenía 10 años. Posteriormente Uruguay nos roba el partido en Montevideo, y Chile tiene que ir al repechaje. Le ganamos a Perú, y finalmente llegamos al partido clasificatorio con Paraguay. En Asunción, Paraguay nos gana 3 x 0 y en el partido de vuelta, empatamos a 2, lo cual me hizo estallar en mi primer llanto futbolero por la Selección...  ...como dije, tenía 10 años. Mi viejo me debe haber visto tan acongojado, que me llevó a comprar un helado en uno de los kioscos cerca de la casa.
Al lunes siguiente, en el colegio, yo le digo a la Miss, "cuando yo juegue por la selección, Chile nunca va a perder"

Posteriormente, para las eliminatorias del '89 (todavía se decían eliminatorias), estuve en el Nacional con 14 años, viendo como Chile empataba 1 a 1 con Brasil, y luego se vino el gran sufrimiento por le Maracanazo, y desde entonces, "odio" a Brasil futbolísticamente hablando. Sí, ya sé, dirán que todo es culpa del "Condor" Rojas, y sí, puede ser, sin embargo yo estoy convencido que él lo hizo, bien o mal, por Chile, pues sabía que a Brasil lo harían ganar hasta por secretaría (ya nos había hecho jugar con Venezuela en Mendoza)....   ...y se nos vino la "sequia" por la Selección, hasta las eliminatorias para Francia '98, ya tenía 23 años, y que alegría cuando Chile logra clasificar.

Como sufrí con el robo de Italia, partido que veíamos con la Maca, mi hermana menor, y los dos quedamos mudos con el cobro, y a mí ya me salían lágrimas de impotencia. Luego vino el gol de último minuto de Austria, partido que vi en el departamento de un amigo, y ellos casi se mueren de susto cuando de un salto me tiro a gritar por el balcón de la ventaba... ...ya veían que me caía. Finalmente, y el sufrido partido con Camerún, para luego clasificar y tener que jugar con Brasil, mi selección odiada...

Cuando niño fui fanático del Colo, y lloré con todo cuando ganó la Libertadores, sin embargo, desde entonces, me pasó algo muy curioso, perdí la pasión por el futbol chileno y por el Colo (Yo era de los que iba al estadio, dejaba grabando el partido en la radio, y luego llegaba a escuchar la grabación). 

"Rompí con el futbol cuando, por una parte, me di cuenta que ya no podría ser futbolista (como dije, esa es otra historia), y luego cuando me rompí los ligamentos de mi rodilla derecha. De las competiciones, hoy solo sigo la Copa América, las Clasificatorias (ahora sí se les dice así), y por supuesto, los mundiales, más aun, si Chile está ahí.

Así, lo único que sigue intacto, es mi AMOR por la Selección, el cual se mantiene intacto. Como toda relación prefiero verla solo, pues en esos partido aparece el pinganilla que llevo dentro: le pego a los muebles, grito como loco, digo todos los garabatos que no nunca digo, y si he de sufrir, prefiero hacerlo a solas con la selección, solos ella y yo.


Creo que amo la Selección, pues me permite conectarme con mi niñez, con ese niño que soñaba con jugar en la Juventus, y llegar a ser Campeón del Mundo con la Selección. Con un niño al cual no le interesaba la plata, la fama, las minas, sino con el niño que cuando pasaba por Vespucio camino al Cajón del Maipo veía las pichangas de barrio de las ligas amateur, en esas canchas de tierra, y solo soñaba con poder estar ahí, disfrutando con el goce de estar en la cancha, haciendo jugadas, goles, sacándose la cresta y experimentando lo que es estar en la felicidad de estar en el Aquí y el Ahora, donde el tiempo pasa sin darme cuenta.



domingo, 8 de junio de 2014

El Efecto Positivo de la Presencia, es que Hace una Diferencia

El otro día ponía en mi Facebook que yo había estado pensando que estar presente para otros, hace una diferencia en sus vidas y en la propia, generando cercanía, confianza, intimidad y seguridad. Lo que no puse, fue que si bien es un tema siempre lo "visito", en este caso en particular, surgió a raíz de dos comentarios de alumnos que he tenido, lo que me llevó también, a recordar lo que escribí hace ya 4 años sobre la Presencia-Presente (Coaching: Presencia-Presente).

En referencia a estos dos alumnos, una de ellos me dijo que la forma como yo estaba presente en clases, y mientras me paseaba en la sala, ya sea conversando con ellos, o viéndolos conversar a ellos, y yo de vez en cuando les tocaba cariñósamente un hombro, para ella era símbolo de cercanía, y le generaba seguridad y apoyo. Y el otro, un alumno gerente en una empresa me decía que la presencia mía al hacer clases las clases, al menos al él, "y puedo hablar por varios de mis compañeros", me dijo, ha generado un efecto muy distinto en cuanto a mi aprendizaje: "el solo hecho que no uses Power Point y que lo que vas escribiendo en la pizarra surge a partir de las conversaciones que generas, hace que tu presencia haga una diferencia, y es como si estuvieras todo el rato presente, y en mi caso, logras que yo esté presente toda clase." 

Luego de esto, comencé a reflexionar sobre el asunto, y me empecé a preguntar: ¿De los distintos momentos más gratos de mi vida, qué es lo que más recuerdo con cariño, alegría, satisfacción, o agradecimiento? La respuesta común denominador en todas, fue la presencia de las personas en dichas situaciones.

Por ejemplo, cuando he estado mal, más que lo que me hayan dicho o consolado, fue la presencia de o los amigos amigos en dicha circunstancia. De niño, cuando jugaba en la selección del colegio, el par de veces que mi viejo fue a verme, generaron una diferencia, y eso que ni recuerdo si ganamos o perdimos esas dos veces, sino que recuerdo que estuvo él, o cuando con la Maca, mi hermana menor veíamos juntos como Italia y el arbitro nos robaba el partido en Francia ´98, seguramente la sin ella, hubiese sido distinto, o cuando Myriam Maldonado, una colega en la primera empresa donde trabajé como Ingeniero Comercial hace ya 12 años, me acompañó genereosamente a negocias con Nestlé, dado su experiencia y buena llegada con los ejecutivos, sin ella, seguramente la negociación hubiese fracasado, y si me preguntan qué fue lo que ella hizo en dicha ocasión, técnicamente no recuerdo realmente, pero su presencia a mi lado acompañándome, si marco una diferencia.

Ahora, desde el punto de vista de otros, amigos me agradecen el haber estado presente en momentos difíciles, como la muerte de un familiar, y textualmente, recuerdo cuando una amiga, al fallecer su papá, me dijo, "gracias por estar, por no decir nada, y solo abrazarme, eso fue mucho más potente que todas las condolencias y consejos que otras personas me han dado", o cuando algún miembro de un equipo me dijo, "Jefe, gracias por quedarse con nosotros acompañándonos para solucionar el problema".

Cuántas veces les han dicho, o ustedes mismo han exclamado, ¡que rico que viniste, qué genial verte, o no hubiese sido lo mismo sin ti! Eso, es consecuencia de la Presencia.

Y el tema no es solo ir o estar en presencia física, el tema es estar en Presencia-Presente, que más que estar diciendo o haciendo cosas, es un estar en cuerpo y espíritu para ti mism@ y para otros. En este mismo sentido, un amigo me contaba que él y su hija, si bien no tienen intereses comunes, ambos una vez al mes, sagradamente, salen un día completo juntos: van a caminar al parque Bicentenario, pasan a Starbucks y mientras ella hace sus tareas en su computador, él le envía propuestas y cotizaciones a sus clientes, luego pueden ir al cine, a la playa, al campo. etc.  Y yo me dije, podemos generar Presencia-Presente de forma intencional, con sentido, y eso me encantó.

Entonces, a raíz de eso, una vez a un cliente le pregunté, ¿con cuánta frecuencia conversas intencionalmente con las personas de tus equipos? ¿Con cuanta frecuencia les ofreces acompañarlos a sus reuniones, presentaciones, negociaciones, tan solo para demostrarles apoyo y convicción en ellos? ¿Qué tan frecuente estás presente para ellos?

Al cabo de unos meses, su Gerencia, es otra, equipos empoderados, relaciones basadas en a confianza y conversaciones permanentes, generadores de espacio para la diversión y el pasarlo bien, lo cual también me llevó a entender, que la Presencia-Presente en todos los miembros de una organización, no solo logra aumentar la productividad y el desempeño, sino también el Bienestar de todos, "irradiándolo" a otras áreas, clientes y proveedores; en definitiva, a todo el sistema.

Mi cliente en esta caso, entendió que generando Presencia "intencionalmente", le permite generar una influencia positiva mayor sus colaboradores y entorno, mucho más poderosa que el querer tener la respuesta a todas las preguntas. Como consecuencia de esto, su equipo, que antes vivían basados en una emocionalidad basada en el Miedo y Control, hoy se basa en el Agradecimiento y la Conversación, pues están presentes entre ellos.

Otro aspecto importante del estar presente, ocurre con las distancias. Con mi cliente, quien debe viajar permanentemente a EEUU y Alemania por la empresa, nos dimos cuenta de la importancia de seguir en presencia a pesar de la ausencia física, a esto lo llamo "Ausencia-Presente", que a mi juicio, es una derivada de la Presencia-Presente, pues nace de haber creado un espacio "de obviedad", es decir, luego de haber generado Presencia-Presente, ésta se transforma en lo "obvio", lo que permite, que a pesar de la distancia y ausencia, esta relación o espacio de obviedad, permite que quienes estén en dicho contexto, puedan juzgar que la persona que no está presente físicamente, aun así, sigue presente en Ausencia-Presente.
Dejo esta Matriz que hice el 2010.





Entonces, por ahora, podemos resumir todo esto en:
1- La Presencia-Presencia, genera una diferencia e impacto positivo.
2. Se puede construir o generar intencional o premeditadamente.
3. Como resultados de ella, obtenemos Confianza, Agradecimientos, y Bienestar.
4. Genera el contexto para que emerja la Ausencia-Presente.

Finalmente,
¿Dónde y cuándo crees que puedes generar un diferencia con tu presencia?
¿Qué podrías hacer premeditadamente para generar presencia?
¿Cómo crees que tú y quienes estén contigo se sentirían al estar en presencia-presente?
¿Qué necesitas aprender para estar en Presencia-Presente?
¿Cuál será tu primer paso?




domingo, 23 de marzo de 2014

La Creencias que Esclavizan



Desde que me formé como Coach hace ya 5 años, uno de los temas que más he venido desarrollando, es el de las creencias, pues éstas, son el filtro con el que vemos la realidad, y por lo tanto, nos llevan a abrir o cerrar posibilidades. Y en esta oportunidad, quiero poner todo el foco en aquellas que cierran posibilidades, y peor aun, que esclavizan a la gente y viven bajo su poder y autoridad.

Comenzaré ilustrando a qué me refiero con Creencias Esclavizantes con el siguiente relato que me contó una vez un psiquiatra, cuando conversábamos sobre las creencias:

Un hombre, absolutamente seguro de creer ser un cadáver, no comía, no iba a trabajar, y lo único que hacía, era repetir constantemente que él era un cadáver. Un psiquiatra, gracias a los familiares de este hombre, un día lo visita y luego de varios minutos de tratarlo de convencer qué no era un cadáver, finalmente le pregunta: “¿Un cadáver puede sangrar?”, No, le respondió el hombre, y agrega, “en un cadáver todos sistemas se han detenido, por lo que no puede correr sangre tampoco”. Ante esto, el psiquiatra le propone el siguiente experimento: “Voy a pincharte un dedo, y si sangra, querrá decir que no eres un cadáver”. El medico lo pincha con una aguja, y un fluido de sangre brota al instante. El hombre sorprendido por tal “milagro” señala, “¡vaya, resulta que los cadáveres si sangran ahora!”

Este caso me permite indicar que a pesar de las evidencias ambientales o conductuales, muchas veces la personas se aferran a su creencia, pasando a ser esclavas de ellas, y por lo tanto, cerrándose a cualquier tipo de nuevas posibilidades, pues la creencias, y especialmente las esclavizantes, es como si las creencias tuviera a la persona, pues ésta, no están basadas en un conocimiento profundo de la realidad. 

Como señala Robert Dilts, uno de mis autores preferidos, las creencias tratan de cosas que nadie puede saber realmente. 

Si bien el caso anterior es más bien humorístico, ¿cuántas personas se aferran con fuerza a su creencia esclavisante, y por lo tanto su futuro, lo ven sin posibilidades para ellos?

Tuve el caso de una coachee, que tenía la creencia esclavizante de “no mereces cosas buenas”, así, tal cua,l me dijo la primera vez que nos juntamos. Y, por más evidencia que ella misma veía como algo bueno, para todo tenía una explicación o excusa. Por ejemplo, cuando le pregunte si tener la sesión de coaching no era a caso algo bueno, entonces me respondió, “sí, pero no lo merezco”. Entonces, “¿qué haces aquí conmigo?”, le pregunté; “es que no es que yo lo merezca, sino que tú eres una persona generosa capaz de recibirme”. 

Como verán, cuando algo es “bueno”, no es por ella o para ella, sino que es algo externo, y si es algo malo, entonces ahí si tiene que ver con ella, porque se lo merece. 

Una vez, ella conoció a un tipo que daba todo por ella, la mimaba, la consentía, se preocupaba por sus cosas, y la ayudaba a resolver todo tipo de problemas, sin embargo, al poco tiempo, su tirana creencia la llevó a sospechar de él, llegando incluso a hacerle creer que el tipo tenía una obsesión por ella y que por eso tanta atención; claro, ¡solo un loco podría interesarse en ella! Llego a contarme que una vez este hombre, fue a espiarla a su trabajo. “¿Lo encaraste, le preguntaste qué estaba haciendo ahí?”, le pregunté. “No, si yo lo vi por fuera, yo creo que él no se dio cuenta que yo lo había visto”, me respondió. “Entonces, ¿solo crees a verlo visto a él?”, le pregunté a continuación. “O sea, sí, pero estoy segura que fue él, sino quien más?”, me respondió ella reforzando su creencia.

La tirana creencia de “no merecer”, es tan dañina que lleva a que la persona encuentre sospechoso que alguien la pueda querer, y cuando aparece un ser cariñoso, amoroso, capaz de amarla en su vida, lo encuentra sospecho, pues a su juicio, no merece ser querida, y se cierra a toda posibilidad de experimentar la grandeza de estar con alguien que le ame.

Por lo general, este tipo de creencia se generan en la infancia, cuando producto de una mala paternidad y/o maternidad, el niño(a) se echa la culpa de que sus padres sean así con el(ella), comenzando a generar creencias tales como:


  • No merecer, no le permite darse el permiso de sentir y vivir cosas buenas, y en cuanto a logros, no se esfuerza, pues no cree merecer alcanzar el éxito. 
  •  No ser lo suficientemente bueno, por lo tanto se conforma con cualquier cosa. 
  •  Desesperanza, que impide que la persona vea solución alguna. 
  •   Impotencia, que hace que la persona sienta que algo es posible, pero que no es capaz de lograrlo.

Más que hacer cambiar una creencia a alguien, el desafío es poder guiar a esa persona para que ella misma encuentre el camino para generar dicho cambio, de lo contrario, nos veremos en una situación similar a la que se enfrente el psiquiatra con el hombre “cadáver”.
Si piensas que podría estar teniendo alguna creencia esclavizante, como no merecer, te invito a hacerte las siguientes preguntas:

·         ¿Qué tendría que pasar para que te merecieras eso?
·         ¿Bajo qué circunstancias te lo merecerías?
·         ¿Conoces a alguien que lo merezca?
·         ¿Qué te gustaría creer, en lugar de creer que no mereces?