Frases

“No se cambian las cosas combatiendo la realidad actual. Para cambiar algo, es necesario crear un nuevo modelo, uno distinto que haga que el actual modelo quede obsoleto".

Richard Buckminster Fuller

lunes, 15 de marzo de 2010

Un día en Iloca

Me ha costado mucho comenzar a escribir este post, porque son muchas las ideas, imágenes, inquietudes, motivaciones, y ganas de expresar lo vivido el pasado viernes 12 de marzo en Duao (Iloca) junto a todo el equipo de “Creemos en Chile”.

Han sido muchísimas las formas de ayuda y apoyo por parte de muchos chilenos y extranjeros para con los damnificados del terremoto: dinero, comida, ropa, remedios, medias aguas, hospitales de campaña, tecnología, jóvenes brindando tiempo a remover escombros y levantar las medias aguas, personas asilando a damnificados, jóvenes diseñando actividades para distraer a los niños, etc. Y yo, por mi parte, ya había llevado alimentos, agua, ropa y remedios con unos amigos a Peralillo, y sin embargo, personalmente andaba con la idea de llevar a cabo algo de Coaching Social que permitiera levantar el ánimo de las personas.

Le mandé un email a mi amigo Sergio Auad, quien también es Coach, contándole de mi inquietud, y él me respondió que con su socio en Creemos, Luis Saavedra, crearon la iniciativa “Creemos en Chile” y habían armado una intervención urbana con el objetivo de ir a subir el ánimo a los damnificados, a lo cual me invitó a participar con ellos. No lo dude ni un segundo, y me incorporé al equipo de inmediato.

Así, el jueves 11, mientras se celebraba el cambio de mando, partimos con rumbo a Hualañé, Iloca, y Licanten. Sentamos nuestro “campamento base” en la escuela de Hualañé, e instalamos las carpas junto a la Cruz Roja de España, y en la noche, realizamos la primera intervención en la plaza de armas del pueblo.

El viernes en la mañana, salimos temprano con destino a Iloca. Yo ya había visto a Peralillo destruido, pues la mayoría de las casas eran de adobe, encontrándolo desolador, y si bien me conmovió muchísimo, el entrar a Iloca y ver el paraje creado por el terremoto y tsunami, quedé con la sensación de estar en un lugar atacado por una bomba nuclear. Las fotos e imágenes que había visto en televisión no expresan lo que realmente se siente el estar en “vivo” ahí. Todos en el equipo estábamos con una sensación muy extrañada, muy impresionados, y con una cara de no poder creer lo que estábamos viendo, sin embargo, las ganas y entusiasmo de seguir con nuestro propósito no decaían.

Luego de varias conversaciones con algunas personas “a cargo” en Iloca, fuimos a ver dónde sería el mejor lugar para ejecutar la intervención, eligiendo el campamento donde se repartía la comida. Unos bajaron los implementos para la intervención, y otros fuimos a difundir la actividad por el pueblo.

Al principio, costó que llegara la gente, pero poco a poco, comenzaron a aparecer las personas, y un grupo de niños súper animados, nos ayudaron a motivar a los demás. Mucha gente no quería bajar del cerro y otros observaban y participaban tímidamente la actividad, hasta que llegó el momento del “abrazo del corazón”: ahí, hasta el más tímido se fundió en un caluroso abrazo con quien se topaba. Recuerdo a una señora que no quería soltar el abrazo que le di, y me emocioné mucho cuando una niñita llegó a abrazarme con una ternura tal, que parecía como si me hubiese conocido de toda su vida, y un niño, que no quería bajar, luego que lo abracé, se animó a participar junto al resto de los niños. Al finalizar, todos bailaban y cantaban, inyectados de buen ánimo y optimismo.

Las lecciones de vida que aprendí de esa gente son maravillosas, y puedo resumirlas con el ejemplo de una señora, que habiéndolo perdido todo, que me dijo: “joven, como no voy a estar feliz, si estoy viva y sana para empezar de nuevo”; ¡toda una Protagonista y nada de Víctima!

Cuando llegamos en la mañana a Iloca, el día estaba nublado y frío, y al terminar la intervención, el cielo se despejó y el sol con sus rayos, calentaba aun más los corazones... ...¡hasta el día cambio de estado de ánimo! Fue como si el universo estuviera de nuestra parte.

La experiencia en Iloca, reforzó aun más mi convicción que junto con reconstruir viviendas, es necesario la reconstrucción de las almas y espíritus, no solo de los damnificados, sino de todos nosotros.

¡Me siento profundamente agradecido de haber tenido la oportunidad de vivir esta experiencia!

El desafío ahora es, ¿qué podemos hacer para seguir en esta línea?

2 comentarios:

Ignacio Fernández dijo...

Rodrigo, toda mi admiración para ti y tus amigos. Eso es compromiso encarnado y en acción concreta y social. Te pasaste, realmente te pasaste.

Andrea dijo...

Rodrigo querido!

que bellas palabras has escrito, cuenta conmigo para seguir creando el pais que queremos vivir

un gran beso!