Tuve una cliente que durante meses me decía lo mismo en cada sesión:
"Sé que necesito delegar más. Si no lo hago, voy a seguir siendo el cuello de botella de toda la empresa."
Lo sabía con total claridad. Tenía la convicción, la voluntad y el argumento racional perfectamente articulado.
Y sin embargo, semana a semana, seguía
revisando cada correo antes de enviarlo, aprobando cada decisión menor,
controlando cada detalle del trabajo de su equipo.
No era ignorancia. No era falta de
disciplina. Era algo mucho más profundo, y también mucho más interesante.
Ronald Kegan y Lisa Lahey, psicólogos del
desarrollo adulto de Harvard, de quienes tuve la fortuna de ser su alumno, llevan años estudiando exactamente este fenómeno.
Lo llaman "Inmunidad al Cambio", y su explicación me parece una de
las más honestas y útiles que he encontrado sobre por qué la gente no cambia,
incluso cuando genuinamente quiere hacerlo.
El
mapa de la inmunidad
La premisa es simple pero poderosa: cuando
no logramos cambiar algo que declaramos querer cambiar, generalmente no es
porque seamos flojos ni porque nos falte motivación. Es porque, en algún nivel
más profundo, estamos haciendo todo lo posible por no cambiar. Hay algo que nos
protege del cambio, algo que Kegan y Lahey llaman "compromiso oculto" que "compite" con el objetivo deseado.
En el caso de mi cliente, el compromiso
declarado era claro: delegar más. Pero debajo de ese compromiso había otro,
invisible, que lo cancelaba: "Necesito asegurarme de que nada salga
mal." Y detrás de ese compromiso competidor vivía un supuesto o creencia poderoso:
"Si algo sale mal bajo mi gestión, la responsabilidad es mía, y las
consecuencias serían inaceptables."
Kegan y Lahey llaman a esas capas más
profundas "Big Assumptions" — grandes supuestos — que operan como
verdades absolutas aunque nadie las haya probado como tales. Son creencias tan
arraigadas que ni siquiera las cuestionamos: simplemente actuamos desde ellas,
como si fueran hechos del mundo en lugar de interpretaciones que construimos, a
veces en la infancia, y que nunca hemos revisado.
El
error de los cambios de hábito
Lo más interesante — y lo que diferencia
este enfoque de la mayoría — es que no propone simplemente "cambiar el
hábito" ni "ponerse metas más claras" ni "comprometerse
más". Propone algo distinto: explorar los supuestos que sostienen el
comportamiento que queremos cambiar, y diseñar pequeños experimentos que
permitan ponerlos a prueba de manera segura.
Mi cliente no necesitaba más disciplina
para delegar. Necesitaba descubrir si realmente era cierto que, cuando algo
saliese mal, su mundo se derrumbaría. Y cuando empezó a hacer ese experimento — a
delegar decisiones pequeñas y observar qué pasaba — algo comenzó a moverse. El
supuesto empezó a perder fuerza. Descubrió que su equipo podía tomar buenas
decisiones sin ella, y que los errores, cuando ocurrían, eran manejables.
Ese descubrimiento no llegó de una
conferencia motivacional ni de un libro de hábitos. Llegó de la experiencia
directa. De probar el supuesto en la realidad, en la práctica.
La
inmunidad organizacional
Este modelo tiene una implicancia enorme
para quienes ejercen liderazgo en organizaciones. Porque no solo aplica a las
personas: aplica a los equipos y a las culturas enteras.
Una organización que dice querer innovar,
pero donde nadie se atreve a proponer algo nuevo por miedo al juicio, tiene una
inmunidad organizacional al cambio. El compromiso declarado con la innovación
coexiste con compromisos ocultos — no hacer el ridículo, no cuestionar al jefe,
no diferenciarse demasiado del grupo — que lo hacen imposible en la práctica.
La gestión del cambio tradicional suele
ignorar esto. Se centra en diseñar el proceso de cambio, comunicar la visión,
capacitar a las personas. Y todo eso es necesario, pero profundamente
insuficiente. Sin entender las inmunidades — tanto individuales como colectivas
— estamos interviniendo en la superficie de algo que tiene raíces mucho más
profundas.
El
diagnóstico es el punto de partida
La buena noticia es que la inmunidad al
cambio no es una condena. Es un diagnóstico. Y como todo diagnóstico bien
hecho, abre posibilidades que antes no existían.
Cuando mi cliente pudo ver claramente su
mapa de inmunidad — compromiso declarado, comportamiento bloqueador, compromiso
oculto, gran supuesto — fue como encender una luz en una habitación oscura.
Seguía siendo incómodo. Pero ya no era un misterio.
Y ahí, en ese momento, comenzó el verdadero
trabajo de cambio.
¿Cuál es el
cambio que llevas tiempo queriendo hacer y que, por alguna razón, no ocurre?
¿Qué es lo que realmente estarías comprometiendo a perder si lo lograras?
Esa pregunta incómoda puede ser la puerta.
#InmunidadAlCambio
#GestiónDelCambio #Kegan #Lahey #LiderazgoAdaptativo #Coaching
#DesarrolloOrganizacional #ElInversionistaInterior


No hay comentarios:
Publicar un comentario