
Así, en una reunión de amigos, si uno de los comensales se pone a llorar al ir contando algo que le está pasando, rápidamente buscamos la manera de consolara(o) y de darle consejos, con el fin de eliminar la tensión que genera en el ambiente el llanto y todas las emociones que éste trae consigo; es muy típica la frase “no llores”. No nos damos cuenta que tal vez lo que necesita esa persona, más que consuelo o consejos, necesita ser escuchada, acompañada o acogida. No soportamos la tensión causada por la emoción y el sufrimiento ajeno. No nos gusta que nos saquen de nuestra zona de comodidad.
Cuando un jefe le pide la opinión a un colaborar respecto de algún tema del cual estén debatiendo, y éste último se queda en silencio*, los compañeros ante la incomodidad que esto genera, suelen emitir sus propias opiniones para romper con ese silencio, o no falta el que tira un chiste para cortar la tensión.
Lamentablemente, debo justificar estos “errores”, pues nunca nos enseñaron a manejar las emociones, el silencio, los sufrimientos, o cualquier situación que genere tensión. Por el contrario, nos han enseñado que lo racional (la Razón) o lo lógico, son las vías verdaderas para encontrar las respuestas y las soluciones a los problemas, a las incomodidades, y para el aprendizaje. No vemos la herramienta movilizadora que es la Tensión. Por el contrario, la vemos como algo negativo y que nos incomoda. En el mundo organizacional se le ve como generadora de conflictos.
Ahora, lo que no justifico, es que haya personas, que teniendo la posibilidad de adquirir las habilidades necesarias para poder “gestionar” la tensión, se cierren al aprendizaje por indicar que ellos no están para manejar emociones (tristeza, nostalgia, ternura, rabia, lástima, compasión, etc.), que para eso están los psicólogos.
Y, ¿qué tiene que ver todo esto con Liderazgo? He señalado en reiteradas ocasiones, que liderazgo es MOVILIZAR a las personas (y a uno mismo). En este sentido, por ejemplo, un jefe capaz de ejercer liderazgo, ante el silencio de un colaborador al no dar su opinión, no permitiría que otros opinaran por él, y sostendría el silencio, “presionando” de esta manera, a que la persona de su opinión. En el caso de la reunión de amigos, donde uno de ellos(a) se pone a llorar, quien se atreviera a ejercer liderazgo, acogería a la persona, pero no intentaría dar consejos ni menos impedir que dejase de llorar de manera a priori, por el contrario, la llevaría a “habitar” su problema, su inquietud o su dolor. En vez de consolarla, indagaría para averiguar la inquietud detrás de ese llanto y de esa tristeza, llevando a la persona a encontrar en sí misma, posibles soluciones. En ambos casos, se moviliza a las personas, pueden aprender algo en esa movilización.
Concuerdo que no es una herramienta fácil de manejar, pero bien utilizada, tiene un gran poder creativo y de adaptación. En el ámbito organizacional, la incomodidad que genera la tensión, hace que las personas tengan que ver maneras creativas para encontrar soluciones que restauren el equilibrio. Así, se vuelve una herramienta para generar cambios y aprendizajes.
En el dominio de privado, ante el sufrimiento ajeno por ejemplo, caemos en la tentación de dar consejos, eliminando de esta manera, que la persona aprenda algo de esto, y peor aun, impidiendo quedar mejor preparada ante un sufrimiento futuro.
Las mariposas, antes de convertirse en tales, deben pasar por el “sufrimiento” que implica el proceso de salir del capullo. Un hombre que veía este proceso en el patio de su casa, con sus sinceras y amorosas ganas de ayudarla, ante la lástima que le causaba ver sufrir al insecto, rompió con una pinza el capullo, y la mariposa salió fácilmente. Si bien la nueva mariposa dejó de “sufrir”, por otra parte, no logró desarrollar completamente sus alas, por lo que no pudo volar, muriendo a las horas siguientes.
Liderazgo por ende, no implica quitarle el sufrimiento, la incomodidad, o la tensión a las personas, ni tampoco dar respuestas o consejos, a pesar de las buenas intenciones que esto implique. Más bien significa escuchar, acompañar y acoger a las personas, ayudándolas a que encuentren las respuestas dentro de ellas mismas; de lo contrario, le quitamos la oportunidad de ser creativas, independientes, y de aprender.
*El Silencio es un tema tan potente, que se merece una columna para él solo.